La Tormenta
Una tormenta de nieve antinatural, como nunca se había visto en la Sierra de Brancino en la estación del Fuego, hizo que los habitantes de los alrededores atrancaran puertas y ventanas, rezando a Sólar porque despejara las nubes y fundiera con su calor aquel infierno blanco.
Pero él estaba decidido a conseguir su objetivo, y ni la peor tormenta de todos los tiempos podría detenerle. El viento y la nieve parecían evitar el negro manto de viaje que ocultaba sus ropajes escarlata, símbolo de una gloriosa época ya pasada. Evitaban su aliento de muerte.
Una criatura lastimera y toda una caterva de sirvientes seguía sus pasos encogidos, quién sabe si por frío o por miedo, sin poder detenerse, esclavizados como estaban a la brujería de su amo.
El mediano había perdido la alegría característica de su pueblo, su juventud y su cordura hace mucho tiempo, ahora apenas era una carcasa de piel y huesos que se arrastraba en pos de su maestro.
- Señor… os lo ru-ruego… dejadme morir… - lloriqueaba sin detener la ascensión.
- Aún no, Rascagranos. No hasta que cumplas tu última misión, la más importante de toda nuestra larga vida… - respondió el inmisericorde Marcio, que arrojó con desdén uno de los libros robados en Doldone a los pies de su esclavo.
El mediano recogió el libro, procurando no salir de la esfera protectora que emanaba del brujo, para no morir congelado, por mucho que lo deseara. Pronto cumpliría ciento quince años, una edad demasiado avanzada hasta para alguien de su raza.
En el lomo se adivinaba un título muy pretencioso: De Re Veritas, “Sobre la Verdad” y un autor Raunoxias de Telquin. Hojeó el escrito apergaminado y dirigió su mirada de ojos lechosos hacia el horizonte.
- ¿Al fin habéis en-encontrado el lugar, ma-maestro? ¿Es el Risco Olvidado donde hallarán des-descanso mis huesos? – susurró el mediano no sin depositar gran esperanza en sus últimas palabras.
- Te equivocas, mi fiel Rascagranos, aunque es natural que así sea, pues durante mucho tiempo yo también lo estuve. Busqué el objeto de mis anhelos por toda la geografía de este maldito reino y de otros muchos sin hallar la respuesta. Pero no fue hasta el expolio de la Biblioteca de Doldone que encontré la respuesta a la pregunta: o más bien la pregunta para mi respuesta. Pues, desde siempre, “Risco Olvidado” sería la respuesta, mientras que la pregunta nunca fue “¿dónde?” si no…
¿CUÁNDO…?”


