Vida en Morzuk-Grak

Morzuk-Grak son los restos rotos de lo que antes era Tornuk-Grak. Poco más de ciento veinticinco mil Orcos pueblan aún sus tierras. La vida en Morzuk-Grak es muy dura. La amenaza constante de la Oscuridad es un hecho muy palpable, y en las fronteras, los ataques de los siervos de Zárnir son incontables.

Nadie olvida nunca a los Orcos más allá del Muro, y por ellos se reza cada día. Dentro del Muro, las noches son terribles, ya que muchos Orcos desaparecen al amparo de la Oscuridad. Las pesadillas pueblan los sueños de los más pequeños, y los ancianos no permiten olvidar ni un solo momento de lo que es capaz la Oscuridad.

De ella dicen que sus muertos se levantan y no regresan a los brazos de Tórgrum para que revivan, ni siquiera a los de Gráknur para encontrar su reposo. Los vivos que caen en los brazos de la Seductora no tienen reparos en matar a sus propios hermanos, algunos se abandonan al salvajismo olvidando la razón, mientras que otros renuncian a su esencia Orca y se convierten en simples cuerpos que engrosan un ejército incontable.

Los guerreros se preparan cada día para afrontarlo como si fuera el último, deseosos de alcanzar la gloria, pero temerosos de acabar su vida junto a los siervos de Zárnir.

Aún así, el miedo no puede dominar la vida de los Orcos, y pese a que no olvidan lo que hay al otro lado del Muro, afrontan el día a día con valentía, implorando a los dioses que llegue el día en el que no deban temer a las huestes de Zárnir.

La Familia

El pueblo Orco es un pueblo dividido en clanes, donde la familia es el hilo más fuerte que les une entre sí. Rara vez se ve a un Orco levantar sus armas contra los suyos, salvo que así se lo ordenen sus padres o su Rey.

Pese al alto índice de mortalidad debido a la terrible Guerra con la Oscuridad y a la corta esperanza de vida, el número de Orcos continúa aumentando, en parte por el corto tiempo de gestación, de apenas cuatro meses, y en parte por la promiscuidad de la raza con sus parejas, y no es extraño que una pareja tenga entre cuatro y ocho hijos.

Por desgracia para los orcos, pese a que el número de hijos es bastante elevado, es muy frecuente que estos desaparezcan en lo que los Orcos llaman Cacerías de Zárnir, cuando la Oscuridad muestra su cara más cruel, dejando a los padres con la incertidumbre sobre qué habrá ocurrido a sus hijos.

Si bien la familia es para los orcos uno de los valores más importantes, su concepto de familia dista de lo que otras razas consideran normal, ya que éste se extiende hacia todo el clan en vez de limitarse a los parientes ligados directamente por lazos de sangre.

Es por esto que, cuando un niño Orco nace, se considera un hijo del clan. Si bien es cierto que usualmente son sus padres biológicos quienes le educarán y cuidarán durante los primeros años de vida, no es extraño que éstos no puedan hacerse cargo de sus obligaciones con respecto al niño, ya sea porque deben aportar sus conocimientos y habilidades en la Guerra Eterna o porque, simplemente, hayan caído en la lucha.

Varones y hembras tienen el mismo trato en la sociedad y en la familia Orca, por lo que pueden acceder a cualquier posición social, y no se distingue entre unos u otros en ningún momento, y en esta creencia se les educa desde el principio. Los niños Orcos son el futuro, y ellos serán los encargados de contar las gestas y perpetuar la leyenda de sus padres cuando no estén.

A rasgos generales, su vida es como la de muchos otros niños, disfrutan con sus juegos y cuando alcanzan los cuatro años de edad, comienzan su educación, que suele estar en manos de los ancianos del clan, los sacerdotes y, para sorpresa de aquellos que desconocen la cultura Orca, los Goblins más sabios de las familias. Los Orcos deben aprender desde la sabiduría e historias que ofrecen los ancianos hasta la caza y la recolección. Si demuestran una especial habilidad o interés por las artes, ya sea la armería, la joyería u otras, o incluso muestran poseer la bendición de los dioses, dedican sus esfuerzos en crecer en ese sentido.

Los Orcos tienen tendencia a morir jóvenes, ya que si no mueren luchando, es común que desaparezcan en la Oscuridad, y su esperanza de vida no va más allá de los cincuenta y cinco años, y tal vez por ello no tratan a sus hijos con la permisividad que se da en otras razas. Deben aprender a ser autosuficientes, a luchar por conseguir lo que desean. Los niños Orcos son fuertes.

Teniendo en cuenta la tasa de mortalidad, la conclusión lógica es que no hay demasiados ancianos entre los Orcos. Sin embargo, los pocos que hay son muy importantes para ellos, ya que son los héroes vivientes de la raza. Además, recuerdan lo que fueron y en lo que todos los Orcos quieren convertirse. Se encargan de asegurar que ningún Orco desconozca el pasado de su raza, sus dioses, su cultura y sus héroes. Sus consejos son escuchados y normalmente atendidos, ya que entre los Orcos, se considera que la edad otorga la sabiduría.

La muestra más clara de la vida familiar que viven los Orcos es que estos gustan de reunirse cada mes y recordar las grandes gestas de su clan, encumbrar a sus héroes y maldecir a su enemigo. Disfrutan bebiendo y comiendo juntos, y finalizan las veladas realizando pequeños combates entre aquellos que aún se encuentren sobrios.

Las Clases Sociales

La posición de un Orco en la sociedad depende exclusivamente de los logros individuales de cada uno y, en consecuencia, el respeto que un Orco se ha ganado. Como conclusión lógica, un Orco no está atado de por vida a una clase social, ni depende de su familia o su Clan.

El Rey, los Caudillos y los Jefes
En el escalafón más alto de la sociedad Orca se encuentran, como es lógico, sus líderes. Como en cualquier otra raza o reino, los gobernantes tienen la obligación de defender a su pueblo y garantizar su supervivencia. Además, en el caso de los Orcos, se incluye entre sus obligaciones el tratar de conseguir la mayor gloria posible para los suyos.

Estos jefes se eligen normalmente de entre los Canes, salvo que, por una excepción, sea necesario celebrar un Kar-Fángruk.

Los líderes de los Orcos acostumbran a llevar consigo las cabezas de sus enemigos caídos más recientemente, así como baratijas reclamadas de sus victorias. Además, suelen ser guerreros curtidos en mil batallas, por lo que no es raro que muestren orgullosos cicatrices de gloriosos combates.

Por ello, la visión de un líder Orco no es ni mucho menos grata, sino más bien terrorífica. No es de extrañar que algunas razas consideren que los Orcos son salvajes y violentos tras esta visión, aunque sin duda no se han molestado en saber los motivos de este aspecto.

Los Canes
Cada Jefe, Caudillo, o el propio Rey, tiene cuatro Orcos a su lado en todo momento. Son los llamados Canes. Estos cuatro Orcos son los más leales y poderosos de su entorno, y van desde grandes guerreros hasta impredecibles estrategas.

Un Jefe, Caudillo o el propio Rey elige siempre a cuatro guerreros, los que a su juicio servirán para aconsejarle y apoyarle en su gobierno. A veces se escoge a guerreros influyentes y leales, para mantener controlado a un clan. Otras, a los guerreros más fuertes, para inspirar respeto y sentirse protegidos. En ocasiones se elige a los más sabios, para recibir consejo, o puede elegirse a grandes estrategas, para tener generales astutos para las guerras.

Sea como sea, los Canes son la voz del Jefe en todas sus tierras. Su palabra es respetada, y sus órdenes obedecidas como si proviniesen del propio Jefe. Además, son los únicos Orcos que, en ausencia del Jefe, tienen la capacidad para juzgar y ejecutar el castigo a todos los Orcos en caso de que éste sea necesario, con la excepción de los sacerdotes, a los que tan sólo juzgará el propio Jefe.

Esto se debe, fundamentalmente, a que estos Orcos jamás pueden romper un juramento, y muy rara vez dan su palabra en vano. Se rumorea que, cuando algo de esto pasa, los dioses Orcos se enfurecen, y las desgracias persiguen a quien falta a su honor.

Debido a las ataduras de sus Juramentos, los Canes son tremendamente respetados en la sociedad Orca, y ser uno de ellos garantiza el mismo respeto que el que se puede tener a un Jefe de Clan.

Al igual que los líderes de los Orcos, los Canes acostumbran a llevar consigo las cabezas de sus enemigos aún calientes. A diferencia de éstos, los Canes no acostumbran a lamer sus armas tras el combate, por lo que si bien la visión no es tan violenta como la de los líderes, si suele ser igual de desagradable.

Los Guerreros
En la sociedad Orca, todos los niños y jóvenes sueñan con convertirse en guerreros. Los adultos los envidian, y los Ancianos los recuerdan. El motivo es simple. Los Orcos recuerdan a sus héroes, a aquellos que marcan la diferencia, a los que alcanzan la gloria. Los guerreros son los que más fácilmente pueden alcanzarla, y por ello, todos desean ser uno de ellos.

Como es lógico, no todos lo han conseguido. Y es que un guerrero para los Orcos es algo más que el cuerpo que porta la espada. Los guerreros son respetados, fuertes, honorables y orgullosos. Jamás dan su palabra en vano, y jamás rechazan un desafío en condiciones. Son aquellos que darán la vida si otro Orco se encuentra en una situación de peligro, incluso si la mismísima Zárnir se presentase ante ellos, y por esto, son dignos de admiración entre su raza.

Pero ser guerrero no es tan sencillo. Requiere honor, mucho orgullo y una pizca de instinto primario. Pasión y fuerza, valentía y pequeñas dosis de arrogancia. Pero sobre todo, requiere ser un gran luchador.

Los guerreros deben proteger a su pueblo, y así lo juran ante los dioses. Los demás Orcos lo saben, y por ello se sienten seguros.

Por todo esto, tras los líderes y los Canes, los guerreros Orcos se encuentran en lo más alto de la sociedad.

Los Sacerdotes
Los siervos de los dioses son uno de los pilares de la sociedad Orca. Se encuentran al mismo nivel que los guerreros, pero su autoridad es más respetada aún si cabe, tanto que tan sólo responden ante los líderes del Clan directamente… Y ante los dioses, claro.

Un sacerdote está obligado a guiar a su pueblo, aconsejarle e indicarle la Voluntad de los Dioses, así como de mostrar el camino que éstos tienen reservado a los Orcos.

Propiamente dicho, no tienen ningún tipo de autoridad sobre el pueblo Orco, al igual que los Ancianos, y los Orcos más jóvenes no suelen hacer demasiado caso a sus palabras.

Sin embargo, en épocas especialmente conflictivas, los sacerdotes son una referencia para todos, ya que los guerreros suelen estar ocupados manteniendo el orden y los siervos de los dioses son un remanso de paz entre la actividad.

Sacerdotes de Gráknur
Los Sacerdotes del Dios Padre son pasionales y muy seguros. Utilizan el fuego como un veterano utilizaría su espada, y es su poder el único capaz de doblegar el Muro de Fuego de los Humanos.

Distinguirlos es sencillo, ya que son los únicos Orcos que visten prendas ligeras de un tono rojo oscuro, que les permite una gran libertad de movimientos que de otra forma no tendrían.

Ver aparecer un Sacerdote de Gráknur en una batalla es motivo de alegría. Y es que a estos sacerdotes guerreros se les conoce como “la Muerte de Fuego” entre los Orcos, pues no queda enemigo vivo a su paso.

De ellos se rumorea que, cuando traspasan el Muro y ven cara a cara a los monstruos de Zárnir, éstos son los que reculan, al contrario de lo que ocurre incluso con los Orcos más valientes.

Estos sacerdotes procuran que las enseñanzas de Gráknur no se olviden. La fuerza y el impulso primario es parte de la naturaleza Orca, y si bien no deben nublar la razón de un Orco, no deben olvidarse.

Sacerdotes de Tórgrum
Los Sacerdotes de la Diosa Madre son fuertes y tranquilos. Su misión es menos vistosa que la de los Sacerdotes de Gráknur, pero no por ello menos importante, ya que son los encargados de las defensas mágicas de la ciudad.

Además, estos sacerdotes son más cercanos a los Orcos no guerreros, y se preocupan más del día a día de éstos. No es de extrañar por tanto ver a un Sacerdote rodeado de Orcos escuchando sus penas y proponiendo soluciones.
Estos sacerdotes visten prendas sencillas, generalmente grises, y gustan de cubrirse con pieles de animales de este mismo color.

Los siervos de Tórgrum predican la palabra de la Diosa Madre, y animan a los Orcos a cultivar los aspectos más típicos de su naturaleza, la resistencia de sus cuerpos y la protección de los suyos.

Los Armeros
Los Orcos valoran enormemente a los armeros. Da igual que trabajen el metal o el cuero, que fabriquen espadas, arcos o hachas. La guerra agrada a los dioses, y por tanto, agrada a los Orcos. Si no fuese por los armeros ¿cómo podrían hacer frente a los enemigos de su pueblo?

Por ello, pese a ser artesanos, estos Orcos se encuentran justo por debajo de los guerreros y sacerdotes, y son muy respetados por sus iguales. Además, los Orcos presumen de sus armeros frente a otras razas, ya que ninguna otra es capaz de forjar tan rápidamente como ellos.

Curiosamente, las armerías Orcas suelen ser los lugares más grandes de un pueblo Orco, salvo las Arenas y algunos Templos. No es de extrañar, pues son muchos los Orcos que han elegido este oficio, y el entrechocar del yunque y el martillo se oye durante todo el día. Además, los fuegos de la forja sirven como fuente de calor durante el frío invierno, y como fuente de luz durante la oscura noche.

Cazadores y Campesinos
Siguiendo el razonamiento Orco, es lógico llegar a la conclusión de que también merecen un gran respeto los cazadores y campesinos de esta raza, ya que son esenciales para el día a día, y para un crecimiento fuerte de las siguientes generaciones. Esta es la principal ocupación de aquellos que aún son demasiado jóvenes para ser guerreros, o para aquellos que han preferido alejarse del estricto camino de las armas.

Otros comerciantes y artesanos
Aunque bien es cierto que no es una profesión tan valorada como las anteriores, no por ello los comerciantes y los artesanos que no se dedican a la armería dejan de ser imprescindibles para el crecimiento de la sociedad.

Sus obras son muy toscas, y el comercio suele realizarse mediante el trueque, por lo que si bien el comercio dentro de Morzuk-Grak si suele ser fluido, fuera de las fronteras del reino Orco apenas han conseguido negocios provechosos.

Los Goblins
Los Goblins son una parte integrada de la sociedad Orca. Son considerados por los Orcos como poco más que un elemento útil pero prescindible en la sociedad, aunque se considera que sólo los Orcos tienen la autoridad suficiente como para decidir el futuro de los Goblins.

Pese a que pueda parecer lo contrario, los Goblins son respetados. Cierto es que las posiciones más elevadas de la sociedad Orca, como el liderazgo y el grupo de Canes les está vedado. También existe una limitación a sus sacerdotes, que tan sólo pueden formar parte del culto de Grinz… Aunque ningún Goblin tiene problemas con esto, ya que es a éste Dios al que suelen dirigir sus plegarias.

Aún con estas limitaciones, los Goblins sí pueden acceder al resto de estratos sociales, incluso guerreros y armeros, aunque las condiciones físicas de los goblins no suelen ser demasiado aptas para realizarlas como se debe.

Sin embargo, lo más habitual es ver a un Goblin bajo la protección de un Orco, o incluso integrado como parte de su familia, a la que respeta y sirve como un miembro más. Esto no significa forzosamente que los Orcos respeten como un igual a los Goblins, aunque muy ocasionalmente sucede, sino más bien que consideran que los únicos que tienen derecho a decidir qué hacer y qué no hacer con ellos son los propios Orcos.

Sin embargo, pese a las evidentes diferencias físicas entre Orcos y Goblins, lo cierto es que hay una cosa para la que estos son mucho más apreciados que los propios Orcos: la exploración más allá del Muro.

Se dice que los Goblins, gracias a la sagacidad heredada de Grinz, son tan astutos que pueden llegar a atravesar la Oscuridad sin ser vistos y sin sufrir los mismos ataques que los Orcos, manteniendo su cordura y sin temor a la Noche Eterna. Esto, unido a la astucia de la que suele hacer gala esta raza, hace de ellos una parte imprescindible en una sociedad que tiene tan presente la Guerra frente a la Oscuridad.

Los Condenados
El pueblo Orco cuida mucho de los suyos, y los ataques contra sus leyes se castigan duramente. La justicia es estricta, y ello garantiza una vida más llevadera, teniendo en cuenta la constante realidad de la Guerra Eterna.

Un condenado, independientemente de su posición previa a la condena, se encuentra en el último escalafón de la sociedad Orca. Estos hombres y mujeres no son insultados y vilipendiados por otros Orcos, pero sus opiniones no son tenidas en cuenta y son obligados a cumplir con la voluntad de los Orcos que cuidan de ellos, como si fuesen poco más que herramientas.

Hijos del Fuego
Los Orcos que forman parte de este grupo están fuera de toda categorización social propiamente dicha. Tras el Acuerdo del Muro, cada año son elegidos cuatro mil Orcos para atravesar las fronteras de Morzuk-Grak y no regresar jamás, para ayudar a los Clanes más allá del Muro.

Estos Orcos son muy respetados, ya que son los más fuertes de entre los suyos. Durante el año que pasa desde su elección hasta que cruzan el Muro, su única preocupación es la de hacerse más fuertes y combatir en las Arenas y en las pequeñas escaramuzas que surgen en el Muro cuando los siervos de Zárnir se presentan.

Los Hijos del Fuego reciben toda clase de atenciones en su Clan, aunque los Canes no permiten que se aprovechen en demasía de estas atenciones.

Ser elegido como uno de ellos es un grandísimo honor entre los Orcos, ya que pasará a formar parte de la historia y leyendas del Clan. Además, estos Orcos saben que, al morir, se reencarnarán en Orcos nuevamente, ya que durante su investidura, Sacerdotes de Gráknur y Tórgrum les colman de bendiciones y atan su esencia a la naturaleza Orca. Tras este ritual, los Sacerdotes inscriben en el antebrazo del Orco el número de su Hermandad, es decir, el número de generaciones de Orcos enviadas hasta el momento más allá del Muro.

Las Arenas

La Arena es el corazón de las ciudades Orcas. Está presente en todas y cada una de ellas, construida con mayor o menor riqueza. Las Arenas más comunes son simplemente un espacio delimitado por postes de madera clavados en el suelo, unidos entre sí por cuerdas, donde los contendientes luchan con armas romas, y el público disfruta desde fuera, vitoreando a los luchadores.

No sólo sirve para que los Orcos se olviden durante un rato de su día a día o para apostar, sino que muchos de los grandes negocios o las alianzas de los Orcos se han forjado aquí. Además, los jóvenes guerreros demuestran aquí su fuerza, los veteranos enseñan sus trucos y los niños aprenden a manejar las armas.

Y por supuesto, Fángruk se regocija en su trono con cada golpe, pues no en vano las Arenas son el único templo que el Dios acepta.

Por supuesto, es también en estas Arenas donde se celebran todos los meses los Kar-Fángruk, en honor al Dios Hijo, y donde, en caso de necesidad, se decide el liderazgo de los Orcos.

La Noche sin Tregua

De entre todos los rasgos que definen a esta raza, hay uno muy concreto que sorprende al resto de habitantes del interior del Muro de Fuego: los Orcos nunca duermen.

Según afirman los sacerdotes, esto se debe a que Fángruk jamás dio tregua a Zárnir, y siempre estaba vigilante, pues si se cae en el abrazo del sueño, la Diosa tratará de tentarles, alejándoles de la verdad con sus tretas y engaños.

Quizá sea debido a este rasgo que los Orcos se alimentan con una voracidad inusitada, comiendo como lo harían cuatro hombres normales y, para disgusto de las razas que les ven alimentarse, con alimentos generalmente crudos o poco hechos, ya que afirman que la energía de los seres vivos se encuentra en su cuerpo y que, al pasarlos por el fuego, esa energía se está devolviendo a Gráknur, lo que si bien es una ofrenda que agrada al dios, es un despilfarro que pocas veces se debe hacer.

Este don que les ha sido concedido no es algo que los Orcos se tomen a la ligera. La raza Orca se ha autoimpuesto una serie de obligaciones, y mientras el mundo duerme, ellos se alimentan hasta saciarse, vigilan a sus enemigos, rezan a los dioses, preparan sus armas y entrenan hasta que el fuego de Gráknur brilla nuevamente en el cielo, momento en el que se permiten tomar un descanso antes de volver a sus quehaceres habituales.

Los Orcos son conscientes de que siempre deben estar preparados, pues Zárnir es traicionera y sigilosa, y ni los dioses saben lo que tiene preparado cada noche para atormentar al mundo.

Costumbres

Los Orcos tienen una serie de costumbres poco o nada agradables para otras razas, que normalmente son interpretadas como actos de barbarie y violencia injustificada. Pese a que en ocasiones hay ciertos actos que son simplemente violentos, hay muchos de ellos que tienen un motivo más allá de lo que pueda parecer.

Trofeos de Guerra
Los Orcos creen que la esencia de un ser vivo reside en su corazón, y que tras su muerte, el cuerpo no es más que un cascarón vacío.

Además, se considera que es en la cabeza donde reside la gloria de los guerreros, ya que con ella piensan y preparan las batallas, y es donde se colocan las coronas de los líderes y reyes.

Por tanto, como trofeos de guerra y símbolos de gloria, los guerreros Orcos siegan las cabezas de sus enemigos y las clavan en las puertas de sus hogares. Cuando la podredumbre comienza a hacer mella en la carne, limpian los huesos y exponen las calaveras como adornos en los salones.

Sin embargo, un guerrero Orco no cosecha cualquier cabeza, si no tan sólo las de aquellos adversarios que les han producido un mínimo de satisfacción en la lucha, algo que no suele pasar cuando la Oscuridad manda a sus más numerosos esbirros, las Máscaras de Marfil, pero sí cuando enfrente tienen a un sirviente vivo de Zárnir.

Los Ojos de los Muertos
Además de adornar sus casas, es muy común ver también cabezas u ojos adornando los ropajes de un Orco. Esto se debe a la superstición extendida entre los Orcos de que los muertos pueden ver la verdad con sus ojos, ya que están más allá de las ataduras del cuerpo físico.

Si un Orco lleva consigo esos ojos, será capaz de ver a los hijos de la Seductora, tanto entre los enemigos como entre los aliados, pues la traición y la corrupción son armas de Zárnir que no se deben olvidar… Y ningún Orco desea ser apuñalado por uno de los suyos.

La Honra del Guerrero
Esta es la costumbre más bestial de entre los Orcos. Como se ha dicho con anterioridad, los Orcos creen que la esencia reside en el corazón. Es por ello que los guerreros ocasionalmente realizan un grotesco ritual que consiste en arrancar y comerse el corazón de sus enemigos.

En este caso, existen tres opciones, según la gloria del guerrero caído. Si la víctima ha luchado con honor y fuerza, mostrando su valía e incluso poniendo en aprietos al guerrero, el propio Orco se comerá el corazón, asegurando que en su próxima vida, su contrincante volverá reencarnado en un Orco.

En el caso de que el fallecido haya luchado bien pero no lo suficiente como para resultar un desafío complejo, el Orco arrancará su corazón y se lo dará de comer a un Goblin, para que el muerto renazca como uno de ellos.

Finalmente, para los casos en los que el Orco considera que no debe dejarse al azar el destino de la reencarnación, se prende fuego al corazón, enviándolo así al Fuego de Gráknur. Este rito imposibilita la reencarnación del muerto, por lo que es muy común entre los guerreros el hacerlo con los siervos de Zárnir.

La Sangre de los Enemigos
Esta costumbre sólo puede ser realizada por los líderes de los Clanes, los Caudillos y, por supuesto, el Rey Orco. Aunque en principio cualquier Orco puede llevarla a cabo, se dice que el poder del Orco no es suficiente para mantener la esencia de la sangre, y por tanto, es inútil.

Esta costumbre se basa en una creencia popular que afirma que la sangre guarda el secreto de las habilidades de los mortales. La sangre recuerda, dicen, pero para que lo haga, debe fluir por el cuerpo.

Sin embargo, según los Orcos, si se es lo suficientemente fuerte, sabio y fiel a los dioses, si la gloria del guerrero es grande, estas habilidades pueden sumarse a las del portador del arma que sesgó la vida de un mortal.

Por ello, los grandes líderes lamen las hojas de sus armas impregnadas en sangre, ya que, cuanta más sangre haya bebido de esta forma, al igual que ocurre con los cráneos, más respetado y reputado será un líder, y más poder se le supondrá.