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Un mundo lleno de misterios ¿Te atreves a descubrirlo? 

Era media tarde en Ceres. Los jornaleros habían terminado sus tareas y se dirigían a sus casas para descansar un poco tras un duro día de trabajo. Después, la mayoría irían a remojar sus sedientas gargantas en la taberna.

 

La taberna no sería la más lujosa del Viejo Reino, ni la que mejores vinos tenía, pero era cómoda y acogedora. El olor de la chimenea encendida, el leve chirrido de la puerta, las viejas pero bien conservadas mesas y sillas, y la cara generalmente amable de los dueños, hacían que la mayoría de los parroquianos se sintieran más en casa, que en su propio hogar. 

Todavía no estaba demasiado concurrida, pero las primeras conversaciones ya rompían el silencio que segundos antes imperaba en el lugar. Uno de los jornaleros hablaba animadamente con el tabernero.

—Menudo día de trabajo… Suerte que estas aquí para emborracharnos. Si no, pobres de nosotros —afirmó el jornalero entre risas.

—Ya, y suerte que estáis aquí vosotros para dejarme vuestros cobres, si no aquí no se emborrachaba nadie —respondió con una enorme sonrisa el tabernero. 

— ¡Que los dioses nos permitan seguir teniendo cobre para pagar la cerveza! Bueno amigo mío, se acerca la “Feria del Reparto”. Este año... ¿Pensáis hacer algo especial?

—Pues la verdad, más o menos lo de todos los años. Por mi parte, asegurarme que por la noche todo el pueblo esté lleno de cerveza y mis bolsillos de monedas —Una enorme sonrisa cubrió su rostro.

—Yo seguramente intente buscar un nuevo sitio para trabajar… Estoy cansado de estar en esa hacienda… Los planes de los patrones… —Miraba alrededor asegurándose de que nadie escuchase—. La verdad, para ellos es como si no existiera. No valoran el esfuerzo y el trabajo honrado… Puede que presente mi propia candidatura para que me asignen tierras. Ya sabes, empezar de cero… pero lo primero escuchare ofertas de las otras haciendas. 

—Ya… Lo de todos los años cuando se acerca la Feria. Pero sabes que al final te harán una buena oferta y te quedarás donde estás. ¿Este año también vas a unirte a la “Guardia”? —La palabra tenía un claro tono de guasa.

—Sí, sí, búrlate, pero me lo estoy pensando para dar un poco de aventura a mi vida. 

-Además… Tú te pasas la noche aquí dentro, no escuchas los sonidos en el bosque... Siempre me gustó pasear por las noches pero ahora… No sé, estoy asustado. Quizá sólo sean tonterías mías pero creo que necesitaremos a la guardia… 

— ¿Tú también con esas? Pasis dame paciencia… No son más que cuentos para asustar a los niños. ¡Venga, pongamos que pasa algo! ¿Qué hará la guardia? Lo más grande a lo que se han enfrentado es… ¿Qué? ¿Un cerdo enfadado? ¿Un terrateniente intentando robar tierras? Lo único para lo que están preparados es para correr más que el resto en caso de peligro.

 

La noche caía y la luna se destacaba en el cielo como una gran sonrisa. Parecía reírse de los problemas y chistes que resonaban en la taberna, como si pudiese formar parte de ellos. 

 

La conversación continuaba ajena al influjo del astro nocturno:

—Bueno amigo, creo que es hora de volver. Mañana será otro día duro.

—Espero verte mañana —respondió el tabernero mientras limpiaba uno de los vasos. 

—Acaso he fallado alguna noche. Parece mentira que… —El sonido de un vaso rompiéndose en el suelo interrumpió la charla—. ¿Te has pasado con la bebida? Si te bebes tu propio material y sigues rompiendo vasos, te vas a quedar en la ruina —dijo entre risas.

—Mierda. Deja de reírte y págame—respondió el tabernero mientras limpiaba uno de los vasos. 

—Acaso he fallado alguna noche. Parece mentira que… —El sonido de un vaso rompiéndose en el suelo interrumpió la charla.

 

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