La Ultima

Segundo Relato

Raiders

Demasiadas fueron las originales posibilidades que el ser humano imaginó, para un hipotético fin del mundo y la destrucción de la vida tal como la conocíamos.

 Las últimas décadas, las pasamos viendo películas sin sentido, películas que trataban de zombis que venían a comernos los cerebros, de olas gigantes que inundarían la tierra seca,  de meteoritos que tenían que ser destruidos antes de que entraran en la atmósfera, para evitar que todos muriéramos.. Pero no queramos engañarnos a nosotros mismos, el hombre se basta y se sobra para destruirlo todo. No necesitamos ayuda de nada ni nadie, pensábamos que el mundo y sus catástrofes nos destruirían, pero nada más lejos de la realidad. Fuimos nosotros los que hicimos que el mundo muriera ante nuestros ojos, cada uno de nosotros hizo que la Tierra sangrara cada gota de vida. Es una lástima que el hombre nunca haya sabido convivir con el hombre. 

 

El caos al que se sometió al mundo, fue desatado por la raza con los peores sentimientos que jamás ha albergado un ser vivo: la envidia, la venganza, el odio… un sinfín de cualidades a cada cual peor, que unidas a la ciencia le daría el poder sobre sus semejantes.
 

 Solo era cuestión de tiempo que las flechas que solo mataban a un hombre, fueran sustituidas por bombas atómicas capaces de destruir un continente. 
 

Año 2049 mes 04 día 05, nadie que estuviera vivo sobre la faz de la tierra podría olvidar aquel fatídico momento, cuando toda radio, televisión y ordenador del mundo daban la misma noticia. “La guerra ha comenzado, busquen refugio o huyan de las grandes ciudades” ese fue el último mensaje que se escuchó antes de que comenzara la tragedia.
 

“La Última” fue el nombre que los supervivientes le dimos a la última gran guerra que libraría el hombre en el planeta azul. Todos sabíamos que después de “La Última”, ya no habría nadie con quien luchar, nada por lo que morir y ninguna ilusión ni buena ni mala que recorriera la mente del hombre. La raza humana y sus ciudades quedarían sumidas en el caos más absoluto, el hombre mataría al hombre.  
 

La envidia, puede que esa sea la verdadera razón que impulsara al ser humano, desde el principio de los tiempos, a luchar contra sus semejantes. El hombre no se conforma con lo que tiene, siempre necesita más, aunque no sirva para nada. Mientras ese ansia de tener pueda ser saciada, todo irá bien; el problema surge cuando quieres algo que tiene dueño, si el dueño es  alguien más débil que tú, perfecto, se lo quitarás por la fuerza o te lo dará para evitar la lucha. La cosa cambia cuando el dueño es tan fuerte y poderoso como uno, en ese momento, se producirá la lucha, o peor, la guerra. 
 

Eso fue lo que pasó en el siglo XXI, los grandes países del mundo ansiaban el poder y las riquezas de sus vecinos. Los comienzos de la guerra fueron muy discretos, los gobiernos usaron un arma muy civilizada, el dinero, obligando a otros países a vivir en la pobreza, claro está, no todos podían ser ricos y poderosos, además si todos tienen poder, ese poder no vale nada. Así poco a poco, los dirigentes propiciaron que su pueblo no tuviera nada, para que unos pocos lo tuviesen todo. Pero cuando pisas a tu vecino para estar por encima, éste puede enfadarse y querer venganza. En honor de los países quedó manchando y ésta vez no iban a pagar con la misma moneda. Los ataques usando el dinero se dejaron atrás, para dar paso a una verdadera guerra atómica.

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