Sipnosis y Oferta de Personajes

Un nuevo cambio acontecía. Una estación acababa para dar paso a otra. Aquello era motivo de celebración, de vida y continuación.

El pueblo lo sabía y todo estaba preparado para aquél día.


Con las mejores galas, la gente se vestía para dar la bienvenida a la estación de del Tierra. Era costumbre acercarse al templo de Daanu y allí recibir las bendiciones de la Diosa a través de la palabra de la anciana Druida portadora de su mensaje.

El lugar, era el templo, un lugar sagrado con un inmenso árbol que nunca moría, lleno de hojas y flores que representaban el poder vital de Daanu.

Cuando el pueblo estuvo reunido, el alcalde de Caereni no dudó en aprovechar la ocasión para darles la bienvenida a aquel acontecimiento tan importante.

-    Pueblo de Caereni - recitó - bienvenidos seáis a este evento tan necesario para nosotros, aprovechando así la prosperidad que nos acontece con la llegada de nuevos integrantes a nuestro amado pueblo, así como el crecimiento de una nueva institución, donde nuestros descendientes estudiaran el arte que allí se enseña. Magia, alquimia, lucha...ningún campo queda cojo entre esos muros y así también poder atraer la atención de otros para que nuestro pueblo crezca hasta convertirse en un lugar de culto y estudio. Sean pues bienvenidos nuestros huéspedes.

Dicho eso los miembros de la universidad entraron por la puerta al templo de Daanu, bien era sabido de las controversias de opiniones de la gente de Caereni, ya que a más de uno se le notaba en su rostro la disconformidad a que aquellas gentes presenciaran algo que era sagrado para ellos.

La anciana druida tosió en forma de advertencia hacia el alcalde.

-    Perdonad, empecemos, anciana druida, proceda por favor.

El alcalde tomo su lugar entre el pueblo y la anciana druida no se hizo de rogar demasiado. Con la ayuda de su joven aprendiz y de la que ella llamaba la Voz de Daanu comenzaron el ritual.

Levantaron las manos hacia el árbol sagrado, sus hojas se movieron impulsadas por el viento, y todos escucharon como un leve susurro que procedía de éste, a la vez que sus flores se hacían destacar con un ligero brillo espiritual.

Las primeras palabras de la anciana druida fueron otorgadas para el fallecido sacerdote del Templo de Solar, ya que la religión tamaan era una mezcla entre viejoreinés y Sjool y esa clase de ceremonias se hacían en conjunto.

-    Daanu cuida del alma de nuestro hermano sacerdote de Solar que ahora descansa en tu gran pradera bañado por los rayos de Solar y que su eternidad sea placida y llena de virtud.

La voz de la druida se alzaba entre los presentes, como siempre hacía, potente y aguerrida, sus plegarías a Daanu eran seguidas por la voz del pueblo, dando así forma al ritual de la estación de la Tierra.

Unos pasos apresurados interrumpen la ceremonia. Un hombre escuálido, alto y vestido de rojo entró en ese momento al templo. Muchos giraron sus rostros hacía él, no parecía demasiado importarle su tardanza, mucho decían que era el mago silencioso, un hombre imperturbable que cuando caminaba por Caereni no emitía palabra alguna. Pero aquel día ya no fue tan silencioso, y muchos ceños fruncidos desaprobaban su llegada.

La anciana druida le miró también y gruñó, un gesto que todos notaron, pero cuando unos ojos se posaron sobre él, algo pasó. La Voz de Daanu no pudo evitar mirar al recién llegado, cayó al suelo, con los ojos en blanco y convulsiones que retorcían su bello cuerpo.

Todo quedó en silencio tras un grito ahogado generalizado y el joven druida a la vez que su mentora se dirigieron hacia la muchacha asustados.

Sus labios se movían, pero no emitía ruido alguno. Su cuerpo seguía retorciéndose, hasta que se oyó.

-    Surcando los cielos los caminos burló. La magia marcó su destino y resurge de sus cenizas. La noche lo atrapa, pero su fuego un nuevo día traerá. El cielo se unió con su fuego… vuela alma inmortal. Tu vuelo siempre arderá…

Rígida como una tabla quedó la joven y su rostro se giró hacia el cábala silencioso. Con los ojos desencajados y su mirada fija en él, como si fuera capaz de mirar dentro de su propia alma.

El cábala imperturbable se acongojó con aquella mirada pétrea, trasformando su rostro en un sentimiento de desasosiego, palideciendo y la Voz terminó.

-    Hermano… muerte… oscuridad...

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