Sipnosis y Oferta de Personajes

“Siempre habrá unos enormes ojos que nos observen y nos hagan pagar nuestros errores.”

Esas palabras se repetían en mi cabeza una y otra vez desde hacía ya unos meses y nunca supe de donde provenían, un eco que me hacía dudar de mi propia razón. Abría los ojos tras el sueño, sudando y el corazón acelerado. Pero como cada día me levantaba para hacer mi trabajo, lo que sabía hacer muy bien, guardar la extensa tierra del bosque de Caereni… a ella y a sus habitantes.

 

Mientras caminaba en mi ruta diaria escuché un grito de un animal no demasiado lejos de allí y preparando mi arco me dirigí hacia allí.

Mis pasos eran casi inaudibles, eso últimamente era algo novedoso, ya que las ramas secas eran más abundantes. Mi respiración, tranquila y acompasada. Mis brazos tensos al igual que la cuerda de mi arco. Mis ojos mirando al objetivo, un enorme oso pardo. Mis cejas estaban fruncidas, no me gustaba aquello, nunca haría daño a un animal...pero la situación lo requería.

Quité mis pensamientos de la cabeza, este momento era algo importante, aquel oso, anteriormente manso se comportaba últimamente de manera extraña, atacaba todo aquello que estaba cerca de él, en aquel caso una extraña criatura de pelaje naranja, orejas grandes sobre la cabeza y una frondosa cola…pero poseía forma humana… Sacudí mi cabeza…no debía pensar en ello, era una víctima, debía ayudarla.

La flecha silbó en el aire y atravesó la oreja del oso, y salí de mi escondrijo, Tensé mi arco preparando una segunda flecha. El oso rugió en mi dirección y con un impulso se puso de pie, caminando hacia mi.

- ¡Aléjate! ¡Nunca te comportaste así!  ¡Márchate! – Grité al oso.

El animal no hizo caso a mi voz de advertencia  y caminó hacia mi aún más amenazante y con otro rugido entre sus fauces.

La flecha volvió a salir disparada hacia el enorme oso y rasgó el hombro de éste, alzó su zarpa para asestarme un golpe y de repente aquella extraña criatura, a la cual el oso tenía acorralada con anterioridad, saltó hacia la zarpa y lo mordió, el oso se quejó y la lanzó lejos estrellándola contra un árbol, me miró de nuevo con ojos enfurecidos pero como si algo se lo impidiese se posó en sus cuatro patas y huyó.

Miré seria hacia la trayectoria donde había huido el oso, todo era demasiado extraño, y sentí como alguien tiraba de mi manga.

Unos enormes ojos me miraban y me di cuenta que era como una especie de zorra, una muchacha con pelaje anaranjado, orejas caninas y una cola inquieta.

- Hola – dijo la extraña criatura – Gracias…por salvarme.

¡Hablaba! Mis ojos se abrieron de par en par ¿Cómo era aquello posible?

- ¿Qué criatura eres? – pregunté mientras me colgaba el arco a la espalda.

- Soy una zorra – dijo ella.

Me quedé extrañada, aquella criatura no era un zorro…un zorro era pequeño, resbaladizo y no hablaba, y mucho menos tenía forma humana.

- De acuerdo, lo que tú digas, zorra.

La criatura sonrió.

- ¿Quién eres tú? – dijo curiosa.

- Soy la Guardabosques. Protejo este lugar e intento que no pase nada malo a ningún animal, planta o personas incautas – le respondí.

- ¿Y por qué no mataste al oso? – la zorra ladeó su rostro moviendo sus orejas.

- Mi filosofía es tratar la vida y el mundo creado por Daanu, con respeto, y ésta me lo devuelve. Ese oso ha caminado conmigo por lo más profundo de este bosque y ahora parece no reconocerme. No puedo hacer daño a aquel que considero mi hermano. – mis ojos se entristecieron y aparté la mirada de ella.

La zorra se acercó y se restregó con su cuerpo en mi pierna.  Y sonrió.

- Pues si tú cuidas el bosque, hay algo que debes ver.

Se movió ágil por las piedras, como si de un zorro de verdad se tratase. ¿Qué criatura era aquella? me encogí de hombros y la seguí.

Estuvimos moviéndonos por lugares que ya conocía, pero pronto se notaba todo demasiado en silencio, ni pájaros, ni ciervos, ni siquiera el gruñido de los jabalíes mientras buscaban trufas.

La zorra se sentó en un claro. Todo parecía devastado por el fuego. Una tonalidad grisácea cubría los troncos podridos de los árboles y la tierra estaba seca y agrietada.

Mi corazón se rompió en mil pedazos.

- ¿Qué ha pasado aquí? – pregunté más a mí misma que a nadie más. 

- Pues, simplemente pasó, un día me desperté y estaba todo así, bueno más pequeño, empezó por un árbol, ahora es ya un claro, cada vez más grande, lo animales ya no quieren acercarse aquí. Mamá me dijo que este lugar no es nuestro – respondió enérgica la zorra, sintiéndose útil.

Miré a mi alrededor, buscando pruebas, buscando algún indicio, pero nada. Todo estaba muerto, y era como una plaga que se extendía sin control. Debía pararlo… Pero ¿cómo?

Junto a mi nueva compañera observé durante dos semanas el lugar y aquella plaga creció en considerable tamaño, en ese tiempo triplicó su área. Aquello era realmente preocupante. Y todo pasaba desde que aparecieron aquellas personas nuevas a Caereni. ¿Estaban influyendo en la naturaleza? ¿Serían ciertas las palabras de la druida en la taberna? Aparte de haberse atascado el tiempo en la estación de la Tierra…los animales eran más agresivos y la naturaleza moría a pasos agigantados… ¿Estaría Daanu abandonándonos por permitir que aquellos magos vinieran a sus tierras? Mi cabeza daba vueltas, me sentí mareada y caí al suelo, lo último que vi fue a la zorra correr hacia mi y más allá una mole de color negro como la misma noche.

Cuando abrí los ojos estaba en una sala que ya conocía, era la enfermería de Caereni. Me levanté sobresaltada y estaba sola, un paño húmedo se deslizó por mi rostro, cayendo de mi frente. Debía avisar de lo que estaba pasado.

Encontré a la zorra en la puerta sentada en el suelo jugando con un diente de león, despreocupada. Qué suerte poder vivir así.

- Pequeña – dije agachándome junto a ella - ¿Qué era lo que había en el bosque tras de ti?

La zorra me miró extrañada y se rascó una oreja, pero no la dejaron hablar, cuando unos guardias se acercaron a nosotras. Me levanté dejando a mi derecha a mi compañera, la cual se pegó atemorizada a mi pierna.

- ¿Qué pasó en el bosque y qué es esta criatura, guardabosques? – dijo el guardia con los brazos cruzados sobre su pecho.

- El bosque está muriendo a pasos agigantados, pensé que podría ser una nueva plaga de insecto que pudiera contener, pero es algo que no llego a entender, tenéis que ayudarme, debemos encontrar la causa de por qué está muriendo el bosque.

- Entonces es agotamiento la causa de tu desmayo – dijo rudo el guardia, sin hacerme demasiado caso – tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos,  si tan importantes son las plantas y los animalitos, mujer, ve a contarle los chismes a la druida .

- Pero debemos hacer algo, ¡por Daanu que debemos hacer algo! – repliqué.

Sin dirigirme ni siquiera la mirada, los guardias me dejaron allí, sin ayudarme, con el coro de sus risas al comentario de su compañero.

Con el corazón encogido, enfurecido y frustrado oí un aullido en la lejanía... un recuerdo que jamás olvidaré.

 

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