Sipnosis y Oferta de Personajes

Los dos guardias estaban apoyados en una pila de maderos mirando a un hombre pintar con mucho cuidado las palabras Carbón de Caereni en el lateral de su carro. El algún momento se daría cuenta de que había pintado primero la be que la erre, y ellos se dedicaban a esperar ociosamente aquel modesto momento de entretenimiento.

 

- ¿Alguna vez ha salido de la provincia de Dencas, sargento?- Preguntó el cabo.

- ¿Es una pregunta con segundas intenciones, cabo? – exclamó el sargento – No se te ocurra abandonar nuestra ciudad, chico. –

El cabo miró con asombro a su compañero, después devolvió su mirada al carromato del mercader que ya había comenzado a pintar la segunda palabra.

- Escucha chaval, sé que esto de la magia nos está poniendo a todos un poco nerviosos – dijo el sargento viendo la cara preocupada del subalterno. – A todos nos gustó que el Muro se volviera a levantar pero debemos reconocer que estábamos más tranquilos sin la sensación de que le debemos algo a los malditos magos. -

- Sí, señor –

- Todos sabemos que son los rojos los que hacen que el Muro nos separe de la oscuridad, por lo tanto todos sabemos que le debemos la vida a los rojos. - 

- ¿Los rojos son la Cábala, sargento? – Interrumpió el cabo.

- Por supuesto que son la Cábala, chaval.-

- ¿Y los grises?-

- ¿Qué pasa con los grises? -

- ¿Cómo se llaman los grises? -

- Pues… no lo se, supongo que cada uno tendrá su nombre ¡No se llamarán todos igual!

- Si, Señor. Me refiero a como se llama el grupo de los magos grises.-

- Se llaman los Brujos o “ Los No Cábala”- 

El sargento miro a su compañero con la intención de descubrir si su “original” explicación había conseguido entrar en su limitada mente. Estaba seguro que si hubiera el suficiente silencio podría escuchar cómo chirriaban los engranajes de la cabeza del cabo. 

- Supongo que han elegido ese nombre para que se les diferencie bien de la Cábala -concluyó el cabo. – Pero sargento, lo que no entiendo es que tienen que ver los verdes es todo esto.-

- Verdes no, esmeraldas. Hay que hablar con propiedad, cabo.-

- Sí, señor.-

- Los esmeraldas no son los grises ni los rojos.-

- Sí, señor.-

- Los esmeraldas son nuevos.-

- Sí, señor.-

El sargento estaba viendo que iba a tener que usar su mejor estado mental para poder explicar quiénes eran los verdes, perdón, esmeraldas, ya que a él también se le escapaba un poco el concepto.

- Cabo, ¿tú sabes quienes son los brujos o grises?

- Magos que no pertenecen a la Cábala, señor.-

- No. Bueno, sí. Magos que no pertenecen a los rojos.-

- Entonces los grises son brujos.-

- Si. Son grises.-

- Sí, señor.-

- Los grises han visto que si se salen a la luz y se organizan no estarían tan mal como están, por eso han decidido convertirse al verde para pintar algo en el panorama mágico actual.-

- ¿Pintar algo verde?-

- Es un modo de hablar, cabo –

- Sí, señor.- un atisbo de duda atravesó la cara del cabo. - ¿Pero porque los grises están mal?-

- Porque los rojos siempre han sido muy suyos. No les gusta que haya gente que haga magia a lo loco. Por eso están divididos en dos grupos o algo asi. Creo que están los rojos rojos y los rojos moderados. – explico el sargento sin mucha seguridad.

- ¿Los rojos moderados, señor?¿ No son tan rojos como los otros?-

- Son casi rojos, pero no del todo. Son… rosas…- El sargento estaba volviendo a perderse poco a poco.

- Entonces los dos rojos que están montando la universidad con los grises no son rojos rojos, son rosas.- Aclaro el cabo.

- Supongo que si, supongo que son rosas…-

- Entonces la universidad esa que están montando aquí son los grises con los no tan rojos…-

- Claro, porque los grises, ahora verdes, han decidido que todo aquel que no sea rojo puede unirse a los verdes.-

- ¿Y los negros también?-

- ¡¿Qué negros?!- Exclamó el sargento. – Cabo, no sé si te estas tomando en serio esto. Porque es un asunto muy serio. Porque los verdes han decidido que todos los no rojos, es decir, los grises y los rosas que quieran ser verdes se junten aquí. ¡EN NUESTRA CIUDAD, CABO! Y a los rojos eso no le va a gustar, cabo. Y entonces se nos va a liar una muy gorda aquí. Porque los cabrones de los verdes no han preguntado si a nosotros nos gusta que esto se nos llene de magia de colores. Entonces ahora tenemos a los verdes acogiendo grises y rosas, y esperando que los rojos vengan a liarla a Caereni, y tú vas y me preguntas por los negros. ¿QUE NEGROS,CABO?¿QUE NEGROS?-

- Me refería a los nigromantes, sargento – se explicó el cabo algo compungido.

- Ah, no. Los negros no, cabo.- dijo algo más relajado. – Esos están prohibidos en todas partes, les odia todo el mundo.-

Holgazanearon un poco más.

- Pues parece que nos estamos metiendo en un gran lio- dijo el cabo.

- Lo peor es que no nos hemos metido nosotros, sino que los verdes han decidido meternos. –

- Los esmeralda, sargento. Hay que hablar con propiedad- corrigió el cabo.

- Magos de mierda todos, cabo. Todos son magos de mierda sin importar de qué color sean.-

- Sí, señor.-

El pintor del carro se apartó para admirar su trabajo. Lo oyeron soltar un pequeño gemido compungido y los dos asintieron, satisfechos y moderadamente divertidos.

 

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