Sipnosis y Oferta de Personajes

 

Nuño se irguió, suspiró y estiró los brazos para relajar sus entumecidos músculos. Lanzó el trapo grasiento en el cubo del agua y contempló la habitación vacía. «El Buey y el Tamaan» no era una posada lujosa, pero era confortable. A medida que se acercaba la noche las sombras iban menguando. En «El Buey y el Tamaan» pronto empezarían a trabajar. Nuño miró a su alrededor y sonrió satisfecho; las mesas estaban limpias y resplandecientes, sólo le faltaba barrer el suelo.

Cuando comenzaba a apartar a un lado los pesados bancos de madera, Oliver salió de la cocina envuelto en una fragante nube de vapor. -Será una jornada de mucho trabajo -dijo apretujando su robusto cuerpo para pasar detrás de la barra. Silbando alegremente, comenzó a colocar las jarras. -Preferiría menos trabajo y una noche más cálida -dijo Nuño arrastrando un banco-¿Has terminado las habitaciones?-. -Por supuesto. No podrían estar mejor, dentro de lo posible-. Le respondió Oliver. Los dos hermanos terminaron de limpiar el suelo.  -¿Quién le iba a decir a padre que la posada iba a estar tan llena?- comento en voz alta Oliver.- Ayer me volvió a contar que al principio se rieron de él por abrir aquí una posada, por eso decidió poner solo 3 habitaciones.- Pero mírale es el orgulloso dueño de “El Buey y el Tamaan”. Dice qué quiere agrandarlo. Que con todo esto de la Universidad va a hacer falta mucho más sitio y no solo en la posada, sino en toda la aldea.-

Nuño le dio la escoba a su hermano y abrió la puerta del local. Un viento gélido fue el primero en entrar, seguido de cerca de un hombre que se dirigió a la barra directamente. -Un vino bien especiado y bien caliente.- Pidió el hombre dejando unas monedas y un pequeño saco en la barra. - Las monedas son por el vino, eso lo pago yo, el saco es para el vino, el otro, eso lo pagan los magos.-

Oliver cogió el saquito mientras su hermano calentaba el vino para el extraño cliente. Al abrirlo no pudo evitar poner cara de sorpresa. -Amigo, aquí hay mucho dinero. Nuño mira.- Le lanzo el saco a su hermano.- Por muy magos que sean no van a poder beberse todo el vino que con este dinero pretendes comprar.-

El hombre empezó a reírse por lo bajo sin dejar de mirar a la barra. - No seas tonto posadero, jejeje,  no es solo para los magos, es para todos los que vienen mañana.- Aclaro el cliente. - ¿Porque te crees que necesito un buen vino caliente? Todavía me queda mucho trabajo esta noche y el frio no creo que pretenda ayudarme.-

Nuño llego con una jarra de vino especiado, se la dejo al cliente y se le quedo mirando fijamente.

- No entiendo porque los magos necesitan un bedel. Lo normal es que usen la magia para hacer todos los trabajos sucios- El cliente se volvió a reír, esta vez con la mirada fija en la jarra. - Sí que son tontos los posaderos, jejejeje, la magia no lo puede hacer todo, sino tampoco os comprarían el vino.- Los dos hermanos se miraron, se estaban preguntando si sentirse ofendidos o, de nuevo, perdonar a este pobre hombre al que a saber a qué desgracias le someterían los magos.

El bedel de la Universidad Esmeralda se bebió de un trago la jarra. Miro de nuevo a la barra y soltó un sonoro eructo. -Pues eso, que mañana vendrá todavía más gente para la Universidad, así que si nos hacéis el favor de tener preparadas unas botellas o unos barriles de un vino que se deje beber a cambio de ese saquito de dinero, estaríamos muy agradecidos.- El hombre se puso en pie y sin levantar la mirada del suelo se fue hacia la salida. Al abrir la puerta se quedó parado y por primera vez miro a los ojos a los dos hombres.- Si no nos hacéis el favor quizá deba pedirle al Cuervo y a la Araña que bajen ellos a pedíroslo.- Se dio la vuelta y se marchó. Los hermanos pudieron escuchar a través de la ventana su risa y como decía “que tontos son los posaderos”.

 

Dos horas después un pequeño grupo de parroquianos abarrotaba la barra del bar. Solo había un extranjero entre ellos, los demás eran lugareños que habían hecho de la posada su refugio en estas tardes de frio. El extranjero, un Capa de Sauce, había llegado hace solo unos días a Caereni, pero su capa y su afable carácter habían conseguido que los habitantes del pueblo cogieran confianza rápidamente con él. En ese momento Egon, el Capa, está resolviendo algunas dudas que los pueblerinos tenían sobre la situación actual y sobre el futuro de Caereni ahora que la Universidad estaba trayendo tantos visitantes.

- A nosotros el bedel de los magos nos ha dicho que mañana vendrá todavía más gente- dijo Oliver levantando la voz para hacerse escuchar sobre el vocerío- Y que a mí no me molestan, que mientras beban, coman y necesiten un sitio para dormir. Lo malo es que los sitios para dormir son limitados y la comida y la bebida, bueno… según cuantos más lleguen.-

El bullicio se elevó ante la duda de que la comida y bebida se pudieran acabar. Uno de los habituales del lugar se puso en pie – Quizá los próximos son más magos y se meten en las viejas ruinas sin molestar o como el templario y el sacerdote de Solar.- hizo una pausa dramática y miro al público- dicen que esos están durmiendo en las ruinas del antiguo templo.- La gente comenzó a cuchichear y el locutor espero lo suficiente para que las noticas se fueran asentando antes de soltar otra. – Los que nos tienen que preocupar no son los magos ni los religiosos, porque esos sabemos a qué vienen. Los que se quedan por el pueblo, los que solo pasaban por aquí o los “¡Mira por donde! aquí se está montando jaleo y quizá me pueda aprovechar” son los que tienen que preocuparnos.- golpeo con la jarra la mesa y espero a que sus vecinos le dieran la razón. 

El Capa de Sauce pidió silencio. – No tenéis que preocuparos por nadie. De eso se preocupa la Guardia, yo y los hombres que han venido conmigo desde Caereni. Vosotros preocuparos de seguir alimentando a vuestras familias y de calentar vuestros hogares.- La concurrencia bajo la mirada a sus bebidas.- Cuando Owen Leireach llego al pueblo con un grupo de hombres armados también os preocupasteis. ¿Y qué paso? Que tanto él como sus hombres han estado ayudando al buen funcionamiento del pueblo.- Un hombre con algo más de valor que el resto le interrumpió.-¿Y el Sjool que les acompañaba? A ese no se le ha vuelto a ver. Y dicen que esta por los bosques matando bichos a doquier.- Los parroquianos asintieron. Era bien sabido que no te puedes fiar de un Sjool y menos de uno tan bien armado. – Asavar también viene a ayudar, aunque ahora mismo le atañan asuntos más importantes.- explico el Capa. – Señores, de verdad les digo, y pueden confiar en mi palabra, que mientras un representante de las Capas de Sauce este aquí, colaborando con el gobierno local y con la nueva Universidad, no hará falta que se preocupen de nadie.-

 

Los asistentes asintieron de mala gana y se sumergieron en sus jarras y sus propios pensamientos. Quizá era verdad que no hacía falta preocuparse, además de un erudito del foro y otro par de tipos tampoco había  muchos más extranjeros en las calles de Caereni. Si los magos se mantenían alejados realmente tampoco iba a pasar nada. ¿De quién te ibas a preocupar? De esos Sjool que acaban de entrar por la puerta de la taberna, esos que llevan armas como para combatir a un ejército? Pues como bien había dicho el Capa de Sauce, ya se preocuparía él, yo mejor me acabo la bebida y me voy a calentar mi hogar...

 

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