Evento: El Torneo de la Espada Danzante

Dos hombres vestidos con largas túnicas se adentran en la oscuridad de una sucia galería llena de moho. Poco a poco recorren las catacumbas del templo de la ciudad de Doldone en la Provincia de Tar. El frío de aquellas estancias, cerradas durante tantos años, hacía que el bibliotecario, que iba en cabeza, se frotara los brazos con las manos para entrar en calor.

 -         … Y ¿cómo dice que se llamaba el autor del tomo? – susurró el anciano bibliotecario entre tiritones.

 -         Raunoxias de Gaedón. Creo que escribió doce tomos sobre metalurgia y herrería ancestral. Realmente con encontrar uno sólo de ellos ya me daría por sat…

 

-      ¿…de Gaedón ha dicho? –interrumpió el bibliotecario a su interlocutor con un gesto pensativo Creo que se refiere a Raunoxias de Telquin, una marca que fue arrasada hace más de ocho décadas y que aún pertenecía al territorio original del Viejo Reino. De hecho, si la memoria no me falla, era oriundo de las Colinas Brumosas, un lugar siniestro; más ahora que se encuentra tras el Muro de Fuego.

 -         Oh, pues le agradezco su corrección. Quizás sea ese el motivo por el que nunca he encontrado nada en todos los lugares que he visitado.

 -         Bien, si se trata de Raunoxias de Telquin, debemos volver sobre nuestros pasos. Esta sección es demasiado actual para lo que estáis buscando.

 Arrastrando los pies los dos hombres se dirigieron de nuevo al comienzo de su andadura. Cuando ya estaban junto a la puerta, el bibliotecario sacó un manojo de llaves y palpó la pared desnuda hasta que encontró lo que estaba buscando. Con un clavo o algún tipo de alambre de metal rascó en una hendidura hasta que se desprendió parte del yeso que la cubría. Cuando parecía ser suficiente, introdujo una llave bastante grande y herrumbrosa por la cerradura que acababa de quedar al descubierto.

 Con un sonoro chasquido y el subsiguiente ruido de arrastrar de cadenas, una puerta apareció en medio de la pared y un aire nauseabundo fue exhalado por la obertura como el último aliento de un moribundo.

 Las dos figuras bajaron una pequeña escalera de madera y se pusieron a rodear las pilas de libros que se amontonaban en columnas por aquella estancia abovedada, infestada de ratones (a juzgar por los chillidos y pequeñas cuentas vidriosas que les devolvían las miradas antes de desaparecer).

 Tras unos minutos revisando títulos, cuidándose de no acercar la antorcha demasiado cerca de los lomos encuadernados, el bibliotecario dio con lo que estaban buscando. La rubrica apretada y de grandes caracteres rezaba De Re Materia Ferroque. Vol. II – Raunoxias Telquini. Debajo había otros dos libros de la misma encuadernación con los números IV y VII en el lomo.

 -         Vaya, parece que ha tenido mucha suerte. Tenemos tres de los doce… - murmuró el anciano mientras cogía con reverencia el primer libro.

 Una caprichosa corriente de aire alzó todo el polvo acumulado durante años hasta las fosas nasales y garganta de los interlocutores, haciéndoles toser con fuerza. El libro estuvo a punto de caérsele de las manos, pero el bibliotecario lo sujetó con fuerza contra su pecho, aunque uno de los papiros de su interior se desprendió quedando tendido en el pavimento de pizarra sobre el que se erguían.

 -         ¿Qué es esto? – dijo el visitante al tiempo que recogía el papiro.

 -         ¡Que los dioses me maldigan…! ¿Cómo he podido ser tan descuidado? ¡Malditos sean mis huesos! Dejar que se deteriorara una obra como esta… - se lamentaba el bibliotecario sollozando como un niño.

 -         No, espera… esto es papiro, no pergamino. Debe de ser alguna hoja suelta de un tratado o algo parecido. Quizás alguno de sus copistas se lo dejaría olvidado entre las hojas de este libro o quizás lo estaría usando como marcador…

 -         Lo veo improbable, ya que esta sección lleva cerrada aproximadamente doce años, últimamente trabajamos sólo con los documentos de la sala Noreste…

 -         Mmm, los caracteres son muy peculiares, ¿no cree? Parece un listado de nombres, ¿qué reza el encabezado?

 -         El Torneo de la Espada Danzante

 -         ¡El Torneo de la Espada Danzante! ¡Qué golpe de suerte! ¡Este documento tiene que tener más de cien años!

 -         Según nuestro cómputo, pertenecería al año 34 antes del Alzamiento del Muro. Qué maravilla… mirad, aquí pone que Yaarkul Skeggi, el campeón del Rey Runjuurd participó en la celebración, y también el caballero Dormal el Coloso, y ¡fijaos, también la Daga Negra de Ductos!

 -         ¿Un asesino?

 -         Por entonces no había dado muerte a toda esa gente, la verdad es que fue una lástima lo que ocurrió con ese muchacho. Pero, mirad, también participó en el combate la dama Larisa la Afilada de la Gran Casa de la Gorgona y su fiel escudera Dido Leidorf.

 -         Sí, y también Vaina de Espadas, por lo que se ve aquí abajo …

 -         Esa… ¿prostituta?

 -         También la cazadora de recompensas más grande de su época…

 -         Oh, y mirad también la Cábala Escarlata participó. Kalandras del Bosque Infinito y sus secuaces… la verdad es que tuvo que ser uno de los torneos más peculiares de la década.

 -         Ya lo creo que sí… - el visitante miraba nervioso alrededor de la estancia, como si las sombras de aquel lugar tuviesen ojos -  ¿Y quién fue el mantenedor de la contienda?

 -         ¿Cómo decís?

 -         El que sustentaba el torneo, claro, supongo que no estáis relacionado con la terminología de los torneos.

 -         Ciertamente no… Mmm, según el encabezado el mantenedor fue Antígulat Marcio.

 -         Vaya… eso sí que es interesante…  

 

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