Tras el Torneo

 En el interior de las catacumbas del templo de la ciudad de Doldone, la luz mortecina de una antorcha ilumina los rasgos de dos interlocutores que examinan un quebradizo papiro. 

- ¿Interesante? – Respondió el anciano bibliotecario mientras repasaba el listado de nombres una segunda vez - Bueno, en parte sí, no es un nombre muy común, pero ¿por qué lo decís?

- Porque Antígulat Marcio soy yo.

- ¿Cómo…?

Las palabras del anciano quedaron ahogadas por un rápido gesto del visitante. Con las manos crispadas y los ojos desorbitados dejó caer la obra de Raunoxias y empezó a enseñar los dientes en un gesto de dolor que hizo que se le saltaran las lágrimas.

¡Corpus Tenebras!

El susurro del hechicero convulsionó el cuerpo del decrépito sacerdote, que se llevó las manos al corazón en un vano intento por disminuir el intenso dolor que le atenazaba el pecho. En poco segundos cayó fulminado al suelo.

Antígulat recogió la antorcha y con gesto de desprecio prendió el papiro hasta que se vio reducido a cenizas. Una vez eliminado el único testigo de su existencia, sólo restaba una cosa por hacer.

Alzó los brazos lentamente mientras entonaba una salmodia en agradecimiento a la Diosa. Al momento un viento de vapores oscuros empezó a arremolinarse en torno a los muchos libros de la estancia secreta. 

Los escritos se elevaron de sus estanterías y comenzaron a amontonarse en el centro de la sala mientras las estanterías que los sustentaban quedaban reducidas a astillas y serrín pútrido por efecto de la magia del hechicero. 

 Antígulat empujó con su bota el cuerpo del anciano, y recogió del suelo el segundo volumen del De Re Materia Ferroque y el cuarto y séptimo de lo que quedaba del estante frente a sí.

 Una ráfaga de aire apagó la luz de la antorcha y con un sonoro portazo la estancia quedó sumida en la más negra oscuridad. 

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Cuartel de la guardia de Doldone. Dos días después.

- ¿Cómo se llamaba el sacerdote? 

- Marcus Tarmo, capitán. 

- ¿Qué se sabe de ese hombre? 

- Lleva años sirviendo a la ciudad como copista y archivero mayor del templo de Artis. Es… era un ciudadano intachable. Jamás se le ha relacionado con grupos de dudosa moral o sospechosos de pertenecer a una secta de la Diosa…

- Sí, bueno, esos son los peores… ¿se sabe de algún superviviente? 

 - Cuando registramos el templo sólo encontramos a dos niños que se habían escondido bajo una trampilla disimulada por una alfombra. Estaban aterrorizados y no han soltado prenda desde que los rescatamos. De momento ninguna familia los ha reclamado y su silencio tampoco ha ayudado. Estamos trabajando a ciegas. El resto de sacerdotes, no obstante, estaban cadáveres o directamente habían desaparecido.

- Lo que nos lleva de nuevo a la hipótesis de un complot… ¿la Cábala ha conseguido algún avance? Empiezo a estar harto de sus intrusiones y su exceso de iniciativa.

- No señor, aunque hay barrios enteros reducidos a cenizas. Si no encuentran una pista pronto van quemar media ciudad…

- Malditos hijos de mala madre… Está bien, enviaré una misiva a mis superiores. Esta noche cabalga hacia el oeste y no te detengas en ninguna posada que no sea de tu total confianza. Este asunto no puede quedar impune…