El Dragón de Ébano

De Terra Incognita
Saltar a: navegación, buscar

Año 54 d.M.F., Faro Negro del Macizo de Mor, en la provincia de Morcaria del Viejo Reino.


Hombres y mujeres se reunían en el patio cercano al Faro, mirándose unos a otros con desconfianza.


- Con el de ayer van seis muertos, ¿es que el Señor del Faro no va a hacer nada? - dijo una mujer.


- Y todos ellos con el maldito símbolo... - susurró el tabernero -. El símbolo del Dragón de Ébano.


- ¿Qué es el Dragón de Ébano? - preguntó un hombre.


Las miradas de aquellos que conocían el significado del símbolo se desviaron al Muro de Fuego y por fin uno de ellos comenzó a hablar.


- Dicen que es el asesino de la Tejedora, un espíritu lleno de odio y maldad, un diablo que juega con la muerte y al que adoran las Máscaras de Ónice.


Los pocos que lo han visto y han sobrevivido lo describen como un hombre que viste ricos ropajes, pero cuyo esqueleto se muestra por encima de la piel, como una armadura. Siempre camina con un bastón de una madera tan negra como la noche, tallado en forma de dragón, y se hace llamar "El Dragón de Ébano". Una palabra suya puede robar la vida a un hombre, y dicen que los siervos de la Tejedora le llaman para acabar con sus enemigos.


Tras cada muerte, aparece el símbolo del Dragón de Ébano, y cuando llega, no se va hasta que su odio se aplaca, dejando tras de sí un último recuerdo: su bastón negro.


- ¡Ha vuelto a ocurrir! - gritó una voz -. ¡El viejo sacerdote ha muerto! ¡Dicen que el novicio lo vio todo, pero está catatónico!


- Que los dioses se apiaden de nosotros, si ni siquiera un sacerdote puede hacer frente al Dragón de Ébano...